Un equipo de biólogos y climatólogos ha propuesto convertir los desiertos en bosques como una forma efectiva de detener el cambio climático. Leonard Ornstein, biólogo celular de la escuela de medicina Mount Sinai en Nueva York, junto a Igor Aleinov y David Rind, expertos en clima de la NASA, están proponiendo plantar árboles de crecimiento rápido, como eucaliptos, para cubrir el Sahara o el desierto australiano. Estas zonas arbóreas estarían regadas por agua de mar, que se trataría en una cadena de plantas desalinizadoras y sería canalizada hacia los bosques por plantas de regadío.
Este nuevo manto de árboles crearía lluvias y un microclima propio, a la par que succionaría dióxido de carbono de la atmósfera, retirando aproximadamente 8.000 millones de toneladas de carbono al año, la misma cifra que se emite actualmente a causa de los combustibles fósiles y la deforestación.
La iniciativa ha sido recibida con diferentes críticas, que afirman que el desierto es un ecosistema complejo que sería destruido. Ornstein ha respondido que “si hay que realizar sacrificios para controlar el calentamiento global, los ecosistemas casi inexistentes del Sahara central y el desierto australiano parecen candidatos razonables, comparados a las alternativas”.
Esta es una de las múltiples soluciones radicales para frenar el calentamiento global que se han propuesto en los últimos años. Otras tesis plantean vaporizar la sal marina, reflejar la luz solar y fertilizar el mar con hierro. Revisa estas propuestas y sus inconvenientes en un especial del diario español El Mundo.
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