Banco de Alimentos: solidaridad para terminar con el hambre

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Escrito por mariaelisa en July, 2010, publicado en Desarrollo Humano, PuroBueno.



Hace ya más de cuarenta años funciona el Banco de Alimentos en países de Europa y Estados Unidos y recientemente va a comenzar sus operaciones en Chile. Se trata de una institución que recoge los productos que no se van a consumir en empresas y supermercados y los envía a orfanatos, hogares de ancianos y centros de rehabilitación.

La idea surgió en Arizona, cuando John Van Hengel notó que una mujer se llevaba los alimentos que se botaban en las afueras de los centros de distribución de los supermercados. Lo hacía para dar de comer a sus nueve hijos. John gestionó la ayuda de comerciantes de la ciudad para que le donaran lo que no pudieran vender, y en 1967 fundó el primer banco de alimentos.

Una década se había conformado una red nacional –conocida hoy como Feeding America–, que actualmente incluye 200 bancos que entregan víveres a 50 mil instituciones. Se estima que uno de cada ocho estadounidenses es alimentado por esta iniciativa en al menos una ocasión al año.

En las últimas décadas el modelo se ha propagado en medio centenar de países, la mayoría de ellos desarrollados, como Canadá o Alemania. Sólo en Francia existen 79 de estos bancos, lo que demuestra que el problema del hambre no es exclusivo de los países más pobres.

Los bancos de alimentos sirven para ordenar de alguna forma la distorsión entre la oferta y la demanda por comestibles. “Nuestra intervención hace más eficiente la distribución de los alimentos”, explica Carlos Ingham, principal impulsor de la Red de Alimentos en Chile. Por ejemplo, si el banco recibe un contenedor de leche que vence en pocos días, tiene la capacidad de evaluar cuáles son las instituciones que están desabastecidas del producto. Luego, en vez de dejar todo el cargamento en un solo lugar, lo distribuye racionalmente.

Financiado sólo por donaciones, el modelo opera con el mínimo de costos. La condición es que los alimentos no se encuentren vencidos y que las obras de beneficiencia no se hagan totalmente dependientes de este sistema, pues como afirma Ingham, “los receptores de la ayuda no deben abandonar su labor para proveerse de alimentos. Nosotros somos una ayuda, parte de la solución, pero nunca toda la solución“.

Enlace: Revista In-LAN

  1. 11:18 am - 3/November/2010 #Mónica Riquelme S.

    Es una fantástica iniciativa, me gustaría colaborar con mi experiencia y conocimiento del rubro alimentos

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