Brasil no ha querido perder el tiempo. A poco más de dos semanas de la frustración vivida en la Conferencia Internacional sobre el Cambio Climático de Copenhague, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva ha sancionado la nueva ley nacional del clima, en la que se confirma la decisión de disminuir en un 38,9% las emisiones de gases y de incrementar y favorecer a partir de ahora la producción de energías limpias.
El presidente brasileño había llegado a Copenhague con la esperanza de influir con fuerza en los nuevos rumbos del problema medioambiental en el mundo, pero volvió decepcionado porque consideró que la Cumbre no estuvo a la altura de las expectativas. Aún así, mantiene su compromiso y al sancionar la nueva ley del clima está mandando un mensaje al mundo de que se deben tomar acciones concretas para proteger el medio ambiente.
La ley incluye los ámbitos de transportes, agricultura, construcción civil, generación de energía y otros, con metas concretas de disminución de gases de efecto invernadera, aunque con los parámetros de crecimiento previstos para 2020. Se está trabajando ahora en los decretos para poder hacer efectiva la ley.
Brasil es el quinto país del mundo que más contribuye a la contaminación, sobre todo debido a la destrucción paulatina de la Amazonía. Datos oficiales del año 2000 revelan que en los últimos 15 años, por ejemplo, las emisiones de gases en el país crecieron un 62%. Y en 2005, Brasil produjo 2.200 millones de toneladas de dióxido de carbono.
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