Los científicos reconocen que el carácter impredecible de la naturaleza, y siempre están tratando de encontrarle sentido. Incluso los eventos más simples están gobernados por el azar. ¿Cuándo y dónde aparecerán las burbujas en el agua que hierve? ¿Qué formas dibujará el humo del cigarrillo en el aire? ¿Acaso la posición de las moléculas de agua en la altura de una cascada determina su posición al momento de la caída? A lo mejor Dios ha tomado las moléculas y las ha barajado en la mano.
La teoría del caos pretende dilucidar lo impredecible a través de intrincados modelos matématicos. Un clásico ejemplo de ello: una mariposa revolotea en Texas y habrá un tifón en Tokio seis días después. La conexión no es obvia, pero existe. El pequeño cambio en la presión de aire puede multiplicarse y magnificarse, resultando en un tornado. Pero no puede predecirse. Y es por eso que los meteorólogos se equivocan con frecuencia y que los informes del tiempo con más de 48 horas de anticipación no son tan confiables. Sin embargo, y entre todos los eventos azarosos en el mundo, el clima es más predecible que cualquier otra cosa.
A nivel espiritual, esto quiere decir que nunca sabremos exactamente la dirección que nuestra vida va a tomar y cuáles cambios en intención y acción va a provocar el aleteo desinteresado de la mariposa en nuestro destino. Al mismo tiempo, nos dice que nunca comprenderemos a cabalidad la mente de Dios. No comprenderemos del todo el cómo, dónde y cuándo de las cosas, incluso de aquéllas más simples como las juguetonas burbujas del agua hirviendo. Tenemos que rendirnos a la incertidumbre, aprendiendo a apreciar su intrincada belleza.
¿Qué es rendirse? Es prestar total atención, apreciar la riqueza de la vida, abrirse a lo que se tiene enfrente, no juzgar, olvidarse del ego, ser humilde, estar receptivo a todas las posibilidades y dejar que el amor te invada.
Traducido y adaptado del libro EL cumplimiento espontáneo de los deseos, por Deepak Chopra (Three Rivers Press).
Enlace: Rendirse ante la incertidumbre

