Un niño que duerme diez horas, comparte la cena con su familia y pasa menos de dos horas frente a la pantalla del televisor tiene 40% menos probabilidades de ser obeso que un niño que no tiene ninguno de estos hábitos. Ésa es la conclusión de un estudio realizado por los científicos de la Universidad Estatal de Ohio y de la Universidad de Temple, en Estados Unidos,
Según la investigación, realizada a nivel nacional con 8.550 niños de cuatro años, cada actividad por separado es una rutina protectora que está asociada a una disminución en la prevalencia de obesidad. Así, un buen descanso y cenar en familia ayuda a disminuir la ansiedad, que puede provocar la ingesta excesiva de alimentos. Además, la televisión y los video juegos propician el sedentarismo y el consumo de alimentos con muchas calorías.
Es importante combatir la obesidad infantil ya que después de los siete años es imposible de corregir. Además, debido a una sobrecarga de peso en un esqueleto inmaduro, el niño obeso puede sufrir problemas ortopédicos, a las rodillas, caderas y columna, así como pie plano. Y la grasa acumulada dentro del organismo puede producir daños o el mal funcionamiento de corazón, riñón, páncreas y cerebro, dicen los expertos.
Enlace: Noticia El Mercurio

