Según la tradición cristiana, los tres Reyes Magos que llegaron de Oriente traían oro, incienso y mirra como regalo por el nacimiento del Niño Jesús. Más allá de la simbología reconocida, estos tres elementos tenían poderes sanadores y curativos.
Así, el oro, que llevaba el Rey Melchor, se utiliza actualmente en el tratamiento de algunos tumores, y forma parte de marcapasos u otros dispositivos, ya que es un mineral muy resistente a las bacterias. También tiene capacidades antiinflamatorias y se emplea en el tratamiento de artritis reumatoide.
El incienso fue el regalo del Rey Gaspar, quien optó por esta resina vegetal de la familia de las burseráceas que al arder desprende un humo aromático. Según la botánica, este producto tiene propiedades calmantes y en la antigüedad se utilizaba para tratar la melancolía.
El último de los obsequios, la mirra que portaba el Rey Baltasar, es quizás el menos conocido de todos, pero no por ello menos importante. Tiene propiedades antisépticas, digestivas y antidepresivas. Los médicos chinos la emplean para curar heridas, ya que ayuda a la cicatrización. Pero, por encima de todo, es codiciada por la industria cosmética y la perfumería. Se considera revitalizante, con propiedades antiarrugas y es la base de algunas colonias.
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