Definitivamente, nuestros abuelos (o bisabuelos) tienen algo que enseñarnos acerca de vivir austeramente sin afectar el medio ambiente. Así lo hacían: consumían menos agua, menos combustibles, generaban menos basura e importaban menos productos.
Por supuesto, su estilo de vida respondía más a una necesidad que a una opción. Sin embargo, esos hábitos pueden retomarse ahora, para quienes optan por vivir en armonía con la naturaleza.
- Beber agua corriente (si es potable) y evitar el consumo de agua ambotellada.
- Secar la ropa en tendederos en lugar de utilizar una secadora eléctrica, que consume grandes cantidades de energía.
- Sembrar plantas comestibles y árboles frutales en el jardín. No sólo es más fresco, sino más económico y ahorras la emisión de contaminantes de parte del transporte aéreo o marítimo, que lleva los productos de un continente a otro.
- Recolectar agua de lluvia para el riego de jardines y otros usos, ahorrando de esa forma en la factura de agua y aliviando la presión en las reservas de agua dulce del planeta.
- Evitar comer afuera todo el tiempo y llevar tu propio almuerzo al trabajo, para disminuir la cantidad de basura que genera la compra de comida para llevar (empaques, cubiertos y recipientes de plástico desechables y otros).
- Jugar con cartas, dados, o juegos no virtuales, que tienen un menor impacto en el consumo energético que los dispositivos electrónicos con los que juegan los chicos en la actualidad.
- Comprar menos: la principal virtud que tenían las personas en décadas pasadas. Ya sea por falta de recursos, porque los objetos eran más caros o porque simplemente las cosas duraban más tiempo. En general las personas consumían menos que nosotros.
Enlace: Blog Discovery Channel Mother Nature Network